miércoles, 28 de agosto de 2013

Danza en el río

Engarzadas descienden de las nubes
las mujeres de vainilla en aquel pueblo
de arcoiris tocados sus atuendos
escurren por las veredas hacia el río.
Las montañas blanquecinas
desgajadas en las rocas,
resbalan en las lajas
las arenas remueven
y se estiran en las pozas.
Ligera lámina de plata vibra
cuando llegan las bañistas
y sus cuerpos risueños,
desnudan tras las umbrías hojas.


El aire, bandada de chupamirtos,
revolotea:
su aleteo es de boca de risa
de boca de río,
de boca de jarro,
de boca de lobo marino.
Aletea y come la aurora de la edad
en sus pies y manos
bebe en sus labios como de los naranjales,
enreda a las mujeres de vainilla
en su manto de polen transparente:
diminutas mariposas montaraces.

Semejantes a un cántaro nuevo
de agua de cepas
de agua de maíz tostado,
abierto y rebosante,
las mujeres de vainilla
lanzan su calidez balsámica
y el río unge con sus algas
los muslos de perro de agua,
las cinturas de acamaya
los senos de dulce pitaya.
Las mujeres de vainilla
lúbricos tienden sus cuerpos
esbeltos y adolescentes
sobre las ondas del río…
Así se alegran,
así su tristeza acallan
y el río desde sus raíces
despliega su canto atávico.

….
Una algarabía en el monte
quiebra los ritmos del aire,
la sombra del ave real golpea
la superficie del agua.
Mientras el crujir rápido se acerca,
las mujeres apiñadas
en el centro de la poza
con una sola mirada negra,
aguardan…

Las ramas se abren al resoplido brioso
y el caballo irrumpe como pez
al río tranquilo.
Lanza la reata el jinete
gruñe el río y desvanece
el vuelo delgado del hilo.
Nada más una te pido
—dice gallardo el jinete—,
que hinchada traigo la vida
de soledad y de estío.
La espuela al corcel aguija
hacia la profundidad del río…

Brama el cerro en marejada
y en látigo líquido estremece
las carnes que ya devora:
la chispa de una espuela
cae al fondo del agua
y el primer astro nocturno
en la arena posa.

Las mujeres de vainilla
engarzadas ascienden a las nubes:
una llovizna de orquídeas blancas
cae en el río saciado.


BELEM LEZAMA


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