jueves, 26 de enero de 2012

CALITARIA

Calitaria. Vas por tus campos marcando la huella mínima de tu paso, removiendo los aires fragantes cual agua ligera; y te elevas, volando en estelas mojadas de un cálido frío: el aire caliente y el agua del río. Es tu tierra tu casa sublime: la cama de hierba y los astros encima, en cima del árbol callado, del árbol copado de estrellas en desbandada, luces de fuegos alados, capturadas de un tajo en plena retirada.

Calitaria, tú que ves reír a los montes alegres de cielo y mandas regar tu parcela a las nubes, cuéntame el cuento del sol que protege a los nobles, habla del fino rocío que serena tus noches y cántame el canto del pájaro de cuatrocientas voces. Calitaria, tú sabes que el mundo, mi mundo, se acaba; háblame de tus lagos, de tu rito y de tu danza; cuéntame qué pasó, por qué me muero, por qué la vida no me alcanza… Calitaria, tú que vives aún en la tierra pasada, muéstrame cómo quererte para querer la tierra labrada, para irme seguro de los ayeres, para decirme que alguna vez tuvimos antepasados; quiero ver por última vez la belleza de tus placeres, el esplendor de tu raza y de tus ocasos: que ya no veo, Calitaria, ni quién fuiste, ni quién eres…

Antonio Noel
UNAM, FFyL

1 comentario:

  1. Gracias compañero por tus contribuciones tan valiosas que enriquecen sin duda este espacio.

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