lunes, 5 de diciembre de 2011

Una ventana, una madrugada. (poesía experimental)

Las madrugadas: trinos del invierno, suelen ser el recordatorio, igual que tu "aroma", ese que te hace ser, "aroma" con el que te adivino.

Cierto, como campana que suena cerca o lejos, las estrellas de madrugada, en el horizonte de tu ventana, suelen ser hermosas naturales y artificiales, todas juntas como enredadera sobre la tierra, mientras el sol va intentando salir. Justo en aquella madrugada una paz sofisticada recorría vericuetos espontáneos que al compás de un latido estallaban en fulgores aleteos.

Si la dicha tiene rostro, ese es el de la sonrisa gozosa, satisfecha que yo en ti conozco y de "forma" que apenas descubriste.

Somos figuras sedientas e ignorantes, aprendemos, todo cuanto se da se consume sobre mil caminos de chocolate negro, agrio y dulce. No conviene, dicen los ojos de mi mascota, querer demasiado. Todo resulta ser un laberinto coqueto en el que las esquinas son fosos de esterilidad. Me despido, poeta yo creído y sulfuroso; no para siempre, no para nunca, nunca para desaparecer, porque como es el corazón: late y de igual forma soy. Me hundo sí para pronto, bajo los efluvios de la razón pero amo; amo con fuerza aquella coraza tuya difícil de penetrar, cuestión más bien vista a través de Meztli que puede observar. Makario Xochime. Dic. 2011

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