martes, 14 de febrero de 2012

Walter Benjamin

A quien me hace vivir la literatura


Ayer, miré detenidamente tu estampa
como plenilunio de la madrugada.
Observé impaciente la actitud parsimoniosa
que de tu evangelio surgía.
Y me cuestioné si es mi amoroso culto
el que nos une, o las letras que desgarran tu dicha.

"El día quema horas, minutos, segundos.
Muy entrada la tarde, llega, por fin,
el hombre que ella esperaba".

Es la mortaja hermética
que impide el paso a tu arrebol de poeta.
ó es acaso la sincronía del pergamino
que burla el escrito ciego de tu fermosura.

Tu pecho enjuto, no alarde la mesura
clandestina de mis miradas.
Las palabras que con su esencia curan,
queman horas, minutos, segundos.
"Muy entrada la tarde, llega, por fin, el
hombre que ella esperaba".

Racimo de guirnaldas blancas
llevo al crepúsculo de tu evangelio
donde las pasiones se encienden,
se apabullan en la pesadumbre de la tinta

Revoca la inminente paradoja de tu filantropía,

sin renegar la tibieza del indulto
sobre las páginas blancas del anochecer.

"El día quema horas, minutos, segundos… "
…el narrador intenta emancipar el pregón de su historia.


Alejandra Sága
Vecina de Milpa Alta y estudiante de la FFyL, UNAM

1 comentario:

  1. Tomé para este poema cierta composición de palabras del libro "La Mortajada" que fueron en parte motivo de inspiración.

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